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Siglo XIX
Tradición Ortodoxa rusa
Obra principal Relatos francos de un peregrino ruso a su padre espiritual

«No sé cómo empezó, pero después de cierto tiempo sentí que la oración se hacía por sí sola, en mi corazón, sin ningún esfuerzo de mi parte. Me despertaba orando, dormía orando, y en mis sueños la oración continuaba.»

El Peregrino Ruso — el libro que abrió la Oración de Jesús al mundo

Los Relatos francos de un peregrino ruso a su padre espiritual (Откровенные рассказы странника духовному своему отцу) son un texto anónimo del siglo XIX que narra en primera persona el viaje espiritual de un campesino ruso que busca comprender el mandato de Pablo: «Orad sin cesar» (1 Tes 5:17).

El autor —cuya identidad es desconocida; algunas hipótesis señalan al monje Paisio Velichkovsky o a alguno de sus discípulos— nos muestra a un hombre sencillo que recibe instrucción de un starets (padre espiritual) y aprende a practicar la Oración de Jesús con ayuda de un chotki (rosario ortodoxo) y de la Filocalia.

Este libro más que cualquier otro fue responsable de popularizar la Oración de Jesús más allá de los monasterios, llevándola a los laicos, a los intelectuales, y eventualmente al mundo occidental. J.D. Salinger lo menciona en Franny y Zooey, lo que le dio una inesperada difusión en los años 1960.

El método descrito en el libro

El starets enseña al peregrino una progresión gradual:

  1. Repetir la oración tres mil veces al día con el chotki, conscientemente, sin distracciones.
  2. Aumentar a seis mil repeticiones, luego doce mil.
  3. No imponer un ritmo forzado, sino dejar que la oración encuentre su propio ritmo natural.
  4. Eventualmente, la oración «se siembra en el corazón» y continúa por sí sola.

«No sé cómo empezó, pero después de cierto tiempo sentí que la oración se hacía por sí sola, en mi corazón, sin ningún esfuerzo de mi parte. Me despertaba orando, dormía orando, y en mis sueños la oración continuaba.»

La clave del libro: la oración desciende

Lo que el libro ilustra con viveza es el proceso por el cual la oración desciende de la cabeza al corazón. Al principio es un ejercicio mental; luego se convierte en algo que sucede en el pecho, físicamente perceptible; finalmente es la respiración del ser.

El peregrino no es un monje ni un teólogo. Es un campesino cojo, con una mano inútil, que camina por Rusia y Siberia con su chotki y su Filocalia bajo el brazo. Su sencillez radical es la demostración más elocuente de que esta práctica no es monopolio de los contemplativos profesionales.

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