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Siglo XVIII–XIX
Tradición Ortodoxa rusa
Obra principal Conversación con Motovilov sobre la adquisición del Espíritu Santo

«Adquiere el espíritu de paz, y miles de almas a tu alrededor se salvarán. La meta de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo de Dios.»

Serafín de Sarov — el ángel del bosque ruso

San Serafín de Sarov (1754–1833) es el santo más amado de la Iglesia Ortodoxa Rusa y una de las figuras espirituales más luminosas del siglo XIX en cualquier tradición. Su vida condensa, con una simplicidad radical, el ideal del hesicasmo llevado a sus últimas consecuencias: el ser humano transfigurado por el Espíritu Santo hasta volverse irradiante de su presencia.

Nació el 19 de julio de 1754 en Kursk, con el nombre de Prokhor Moshnin, hijo de una familia de comerciantes. Siendo niño cayó de lo alto de una iglesia en construcción y salió ileso; a los diez años sobrevivió a una grave enfermedad. Desde joven sintió la llamada al monasterio. A los diecisiete años peregrinó hasta la Lavra de las Cuevas de Kiev y recibió la confirmación de su vocación. En 1778, a los veinticuatro años, entró en el monasterio de Sarov (fundado en 1706, en el actual óblast de Nizhni Nóvgorod).

La trayectoria monástica

En Sarov pasó por las etapas habituales de la vida monástica — noviziado, tonsura, órdenes — con una fidelidad y un fervor que lo distinguían desde el principio. Fue ordenado diácono en 1786 y sacerdote en 1793. Durante los años de su ministerio sacerdotal activo tuvo experiencias místicas que prefiguraban lo que vendría.

Desde 1794 comenzó a retirarse progresivamente de la vida comunitaria. Construyó una pequeña cabaña en el bosque, a unos kilómetros del monasterio, y vivió en ella durante años en soledad casi completa — en un paralelismo consciente con los antiguos Padres del Desierto. Pasaba sus días en oración, trabajo manual (cultivaba un pequeño huerto) y lectura de las Escrituras.

Entre 1807 y 1810 vivió un período de silencio total, negándose a hablar con nadie. En 1810 regresó al monasterio, pero permaneció en reclusión estricta en su celda durante otros cinco años.

La apertura a los peregrinos

En 1815 Serafín abrió su celda a los visitantes. En 1825, por una visión de la Madre de Dios, salió de la reclusión y comenzó a recibir a todos los que llegaban — cientos, luego miles, finalmente decenas de miles de peregrinos al año. Los testimonios de quienes lo visitaron son unánimes: su rostro irradiaba una alegría y una paz que transformaban a quien lo contemplaba. Saludaba a cada persona con las palabras «Cristo ha resucitado, mi alegría» — en cualquier época del año, no solo en Pascua.

La conversación con Motovilov

El documento más importante del magisterio de Serafín es la llamada Conversación sobre la adquisición del Espíritu Santo, narrada por Nikolái Motovilov a partir de un encuentro ocurrido en noviembre de 1831 en el bosque nevado junto al monasterio.

Motovilov preguntó a Serafín cuál era el objetivo de la vida cristiana. Serafín respondió: «La adquisición del Espíritu Santo de Dios.» Y añadió que la oración, el ayuno, las limosnas y todas las demás virtudes son solo medios para alcanzar ese fin — el Espíritu Santo mismo habitando en el ser humano.

En un momento de la conversación, Serafín tomó a Motovilov de las manos y le preguntó: «¿Cómo te sientes ahora?» Motovilov respondió que sentía un calor, una paz, una alegría extraordinaria, y una fragancia indescriptible. Serafín le dijo: «Mira mi rostro.» Motovilov lo miró y vio el rostro del anciano brillando con una luz blanca intensa, comparable — así lo describió — a la del sol al mediodía. Esto es la manifestación de la theosis, la deificación del ser humano por la gracia del Espíritu Santo — la Luz del Tabor descrita por Palamás, visible en un hombre vivo del siglo XIX.

Su enseñanza sobre la Oración de Jesús

Serafín practicó la Oración de Jesús durante toda su vida monástica. La describía no como una técnica sino como la respiración del amor: el corazón que ama a Cristo no puede dejar de llamarlo. Su enseñanza sobre la oración enfatizaba:

Serafín murió el 2 de enero de 1833 (viejo estilo) en su celda, de rodillas ante el icono de la Madre de Dios, con las manos cruzadas sobre el pecho y la cabeza inclinada. Fue canonizado el 19 de julio de 1903.

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